Y que esto y que lo otro… ¡¡Salud!!

Chelas, cheves, unas frías…  La cerveza es la bebida alcohólica más consumida por los mexicanos, según la Encuesta Nacional de Adicciones (2008). El alcohol es la droga (sustancia adictiva) más consumida y permitida en todo el mundo.

Es común que las personas piensen que la cerveza “casi no tiene alcohol” o es “menos fuerte” que bebidas como el tequila, por ejemplo. Nada más alejado de la realidad. La Organización Mundial de la Salud ha propuesto una medida para conocer las cantidades de alcohol que ingiere la población: el trago estándar.  De esta manera, sabemos que una lata de cerveza, o una botella  de vidrio (350 ml, aproximadamente), equivale, en contenido de alcohol,  a un caballito de tequila o de cualquier otro destilado,  o a una copa de vino tinto o blanco. Una caguama, por poner otro ejemplo, contiene tres tragos estándar y un caguamón equivale a cinco tragos estándar.

El consumo de alcohol de los mexicanos, tiene un patrón muy particular, denominado consumo episódico explosivo. Es decir, no bebemos diario, pero cuando lo hacemos bebemos grandes cantidades. Es frecuente en nuestro país que una persona pase una, dos o tres o más semanas enteras sin beber una sola gota de alcohol, pero que un fin de semana salga de fiesta y beba en exceso.  Este patrón es muy peligroso dadas las implicaciones que tiene la intoxicación por alcohol.

El alcohol es una sustancia que “deprime” el sistema nervioso. Éste, y su principal órgano, el cerebro, controla absolutamente todo lo que hacemos, desde aspectos involuntarios como la respiración y los latidos del corazón, hasta aspectos tan complejos como el juicio (capacidad para identificar si algo está bien o mal), la memoria (recuerdos, aprendizaje), la atención, la capacidad de reacción y los aspectos motores.

Cuando alguien bebe, el alcohol llega directamente al cerebro (como todas las drogas) y altera su funcionamiento;  entonces  el sistema nervioso se deprime o se adormece y todo se vuelve lento. Es por esta razón, que las personas bajo los efectos comienzan a tambalearse; arrastran las palabras al hablar;  se atreven a hacer cosas que no harían sin beber, pues el juicio está “apagado”; no pueden manejar adecuadamente un automóvil y no recuerdan las cosas al día siguiente.  Además, con una intoxicación aguda, el cerebro puede “dormirse” tanto, que incluso la persona deja de respirar o su corazón se detiene y por consecuencia, muere.

Pero, ¿cuánto es mucho? Considerando las cantidades del alcohol que el cuerpo puede procesar sin mayores riesgos, se ha establecido un patrón de consumo de bajo riesgo (nótese que riesgo siempre hay), pero como todo, tiene su chiste. He aquí los límites que una persona debe seguir para consumir alcohol disminuyendo los riesgos:

Máximo 3 copas por ocasión (recuerda la medida de trago estándar).

Máximo  dos ocasiones por semana (no pueden ser días seguidos).

Dejar espacio de una hora entre copa y copa (puedes comer,  beber agua o refresco entre cada copa)

Dosificar el trago a lo largo de 20 minutos (no beber rápido, evitar los “fondos”)

… Y tú, ¿sigues este patrón de bajo riesgo? Si bebes más de estos límites, tu consumo te está poniendo en riesgo de accidentes, lesiones, conflictos con otras personas, problemas legales (terminar en el famoso “torito” o arrestado por beber en la calle) o problemas de salud (desde gastritis hasta cirrosis), así como la posibilidad de desarrollar una adicción o dependencia al alcohol.

Existen formas de controlar el consumo de alcohol; algunos deciden tomar de manera moderada y hay quienes deciden abstenerse de beber. Sin embargo, hay personas que han tenido consecuencias graves, no pueden controlar su consumo o tienen problemas con el alcohol u otras sustancias como tabaco, marihuana, cocaína e inhalables. Si es tu caso, o conoces a alguien, o simplemente quieres informarte al respecto, acércate a nosotros, siempre hay posibilidad de disfrutar de las situaciones de manera sana. ¡Salud!

Elaborado por:

Mtra. Psic. Violeta Félix Romero

Terapeuta Cognitivo  Conductual

Especialista en Adicciones

Servicios Psicológicos Integrales de México (SEPIMEX)

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