Hijas e hijos valientes.

En ocasiones queremos controlar situaciones en nuestra vida, queremos transitar por ella sin lastimarnos o sin que las personas que amamos sufran. Queremos tener el control sobre los ambientes externos. Pensamos que si tenemos más control, más seguridad, nos sentiremos menos ansiosos acerca de los factores desconocidos de la existencia.

El monje Shantideva  dijo: “Cuando caminas por la tierra es posible que tus pies se lastimen”.   El utiliza la metáfora  de “los mocacines”, explica que utilizamos mocacines (zapatos) para evitar la percepción de cualquier incomodidad. Todo el tiempo nos protegemos del dolor e intentamos mantenernos alejados de la intranquilidad. Esto es comprensible, pero también problemático. Tratar de controlar nuestro ambiente no sólo limita nuestra vida, sino que crea una falsa realidad, ya que no es posible controlar la mayoría de las cosas que suceden. Temer que las cosas pueden salir mal perpetúa la ansiedad y la tensión en nuestras vidas, lo cual nos aparta de las experiencias directas en el momento presente.

La trampa del “control” aumenta cuando tenemos hijas o hijos. Debido a las hábitos de crianza infantil, intentamos crear el ambiente perfecto: desde los artículos, alimentos y juguetes “correctos” para bebés hasta la ropa, l@s amig@s, la escuela, l@s maestr@s y las actividades deportivas adecuadas, de modo que nuestras hijas e hijos  no pasen por ningún sufrimiento y que, por ende, tampoco nosotros experimentemos  algún dolor.  Estamos en eterna vigilancia, intentando que nuestras hijas e hijos sean felices, tratando de elevar su autoestima y ayudándoles a experimentar éxito.

Pero en muchos de los intentos por encontrar el control, estamos creando una desventaja para nuestras hijas e hijos, porque sus piececitos siguen expuestos a las afiladas piedras que sobresalen al borde del cuero de los mocasines a los que se refiere Shantideva; piedras que no saben cómo evadir. Por más esfuerzo que pongamos en conducirlos y guiarlos, no podemos controlar por dónde pisan.  Al seguir evitando que se enfrenten a nuevos retos o situaciones, aumentamos la vulnerabilidad de nuestras hijas e hijos, ya que se acostumbran a que resolvamos todos sus problemas. Este es un patrón que los inhabilita y que interfiere con su capacidad para ser resilientes en un sentido emocional.

Krissy Pozatek autora del libro  “Hijos Valientes” llama CONFLICTO SEGURO a la lucha diaria en la casa y en la escuela,  el conflicto que podemos plantear como un problema  que les pidamos resolver, en lugar de anticiparlo, arreglarlo y facilitarles la solución.  Los problemas asociados con las tareas, las peleas entre herman@s, las tensiones con amig@s, la molestia con las reglas en casa o en la escuela, la frustración con las tareas domésticas  y los conflictos entre padre, madre e hij@s pueden ser valiosos. No necesitamos merodear alrededor de nuestras hijas e hijos y controlar y arreglarlo todo. Podemos dejar estos problemas en manos de nuestras hijas e hijos y hacerlo de manera compasiva. Cuando las niñas y niños pueden resolver los conflictos segur@s, es más probable que tengan las habilidades necesarias para cuando enfrentan las amenazas más reales fuera del hogar, como el rechazo de una novia, novio, la presión de sus compañer@s o algún tipo de fracaso.

En el hogar es donde las niñas y niños pueden desarrollar los recursos internos. Los recursos internos que las niñas y los niños pueden aprender en el hogar incluyen:

  • Demora de la gratificación: capacidad para esforzarse en conseguir algo sin una recompensa inmediata.

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  • Solución de problemas: capacidad de un estado determinado hacia una meta más deseada.

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  • Adaptabilidad: capacidad para afrontar las alteraciones inesperadas.

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  • Regulación emocional: Capacidad para permanecer en un estado de incomodidad.

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  • Motivación interna: locus de control  interno (es un concepto de la psicología que se refiere a la percepción que tiene el individuo acerca del origen causal de los acontecimientos). Se habla de locus de control interno cuando la persona percibe que sus propias acciones influyen en los sucesos que impulsa la conducta.

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  • Autodisciplina: capacidad para motivarse a un@ mism@, sin importar el estado emocional.

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  • Aceptación de la transitoriedad: Conciencia de que nada dura para siempre.

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Como sociedad, seguimos huyendo de la incomodidad, los conflictos y los problemas. Siempre estamos tratando de buscar fuera de  nosotros mismos la solución para eliminar el dolor: una pastilla, un vídeo, un escape, una distracción o una cama donde acostarnos, en lugar de emplear técnicas que nos permitan persistir, perseverar e incluso madurar como resultado del malestar o de las dificultades.

Finalmente la propuesta es aprender a utilizar las experiencias negativas y las dificultades como un medio para promover el desarrollo de los recursos internos y la maduración emocional en las y los jóvenes. En vez de que su mamá o papá eliminen los obstáculos , las niñas y los niños pueden dominar sus propios impedimentos en la vida. Es posible que nuestras hijas e hijos tengan una discapacidad o que enfrenten un pérdida, pero también puedan reducir o incluso evitar su conmoción emocional y angustia mental (pánico, depresión, desesperación, insomnio, enojo, ansiedad) asociadas a estos obstáculos.

En lugar de controlar nuestro ambiente, podemos trabajar con nuestras mentes  para que podamos estar  en cualquier situación  y tener la capacidad de estar presentes, en lugar de buscar la salida. Del mismo modo, podemos enseñarles a nuestras hijas e hijos a estar presentes en lo retos de su vida.

Cuando podamos tolerar la angustia, regularnos emocionalmente, motivarnos sin necesidad de una gratificación inmediata, adaptarnos a las perturbaciones y reconocer que el cambio es constante, podremos mantener una mente más resiliente, estable y abierta.

La adversidad es parte de la experiencia humana y no es algo que tratemos de eliminar a cada paso. La incomodidad puede ser una experiencia que nos ayuda a desarrollar fortaleza interna. Podemos inculcar en nuestras hijas e hijos que sus caídas no nos causan ningún inconveniente, porque confiamos en que se pondrán de pie para reparar y remendar sus mocasines.

Como madres y padres podemos comenzar por ser modelos de un control emocional sano y validar los sentimientos, valorar los conflictos seguros, frenarnos de solucionarles todo a nuestras hijas e hijos, establecer limites, capacitar a nuestras hijas e hijos para la solución de problemas y la responsabilidad, establecer consecuencias y aceptar la transitoriedad de la vida.

En Centro SEPIMEX podemos acompañarte en tu transitar como mamá o papá, generar estrategias de crianza basadas en el amor, el cuidado y el buen trato entre todas y todos los integrantes de la familia.

 Elaborado por:

Psic. Yadira Martínez Ortiz

Terapeuta cognitivo-conductual.

yadira@sepimex.com.mx

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Referencias:

  • Pozatek K. (2016). Hijos valientes. Una guía inspirada en el budismo para la crianza de los niños emocionalmente resilientes. México: DIANA.
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