“El propósito de la felicidad o la felicidad en el propósito”.

“Sostenemos como evidentes estas verdades…”, escribió Thomas Jefferson en la Declaración de Independencia de Estados Unidos de América de 1776, “…que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.” De estos tres derechos, probablemente sea el tercero el que más sentido de a nuestras vidas, pues sin luz para guiarnos, ¿qué haríamos con la vida y la libertad?” Daniel Nettle

La primera pregunta que surge al hablar de la felicidad es ¿qué es la felicidad?, honestamente es un concepto difícil de definir. De manera simple podríamos decir que la felicidad resulta de la alegría que se percibe al disfrutar de manera consciente aquello que me hace sentir bien.

La búsqueda de la felicidad

ben2Cuando alguien llega a psicoterapia en principio suele decir que no es feliz (no de manera literal); pero en cuanto empieza a hablar de su vida y sus sentimientos con más detalle, se pone de manifiesto que lo que en realidad quiere decir es que no es feliz siempre. En segundo lugar, la gente suele decir que no cree que da la impresión de ser tan feliz como “debería serlo” dadas sus circunstancias.
Y cuando llegan a conocer a alguien que experimenta fracasos o vive miedos y aun así se considera feliz se sorprenden. Bajo estas reacciones se halla a hipótesis de que los que son realmente felices son, en cierto modo, inmunes a los sentimientos de tristeza, miedo y ansiedad o a experimentar algún fracaso o contratiempo en su vida.

La generalización de esta hipótesis nos hace llegar a la conclusión de que estas personas son perfeccionistas (idealistas en su forma de pensar y basar sus expectativas).

¿Qué es lo que no te hace feliz?, ¿El temor a fracaso, la adversidad, la decepción, la envidia, el enojo, la tristeza o la ansiedad?; Los únicos que no experimentan estas emociones o sentimientos aflictivos son los psicópatas y los muertos. De hecho, experimentar estas emociones de vez en cuando es buena señal (una señal de que seguramente no somos psicópatas y estamos vivos).

Paradójicamente, si no nos permitimos experimentar emociones aflictivas, limitamos nuestra capacidad de ser felices. Todos nuestros sentimientos fluyen a través del mismo canal emocional, por lo tanto, si bloqueamos las emociones aflictivas, inherentemente estamos bloqueando las emociones positivas. Y cuando estas emociones aflictivas no se liberan, no hacen más que expandirse y acrecentarse. Cuando finalmente salen al exterior, nos superan.

ben4Las emociones aflictivas constituyen una parte inevitable de la experiencia del ser humano; por lo tanto, si las rechazamos, es como si estuviéramos negando una parte de nuestra humanidad. Para vivir una vida plena y gratificante -una vida feliz-, tenemos que permitirnos experimentar toda la gama de emociones humanas. En otras palabras, tenemos que concedernos el permiso para ser humanos.

El perfeccionismo y el fracaso

ben3El perfeccionismo es la creencia de que “invariablemente existe una solución precisa, correcta y perfecta para los problemas humanos, y que si esta solución perfecta no se encuentra sobreviene el fracaso”. Cabe señalar que la idea de lo perfecto nace en cada uno de nosotr@s en base a nuestra crianza, moral, experiencia y aprendizaje, por lo que no es posible establecer un estándar para definir lo único perfecto, es por ello que cada uno de nosotr@s tiene diferentes expectativas de lo que el éxito significa.

Esta creencia es irracional pues no existe seguridad o perfección absoluta en el mundo. La búsqueda de la seguridad solo genera ansiedad y expectativas falsas. El fracaso -y el desastre que le acompaña- que la gente se imagina que se le sobrevendrán si es que no consiguen una solución correcta a sus problemas, no tienen una existencia objetiva, sino que son desastres imaginados en la mente, que en la medida en que se los crean le ocurrirá algo desastroso. La idea perfeccionista induce a tomar decisiones menos “perfectas” que si no se tuviera una idea perfeccionista.

A nadie le gusta fracasar, pero hay una diferencia entre una aversión normal al fracaso y un temor intenso. La aversión normal nos empuja a tomar las precauciones necesarias y a esforzarnos más para el éxito. Por el contrario, un miedo muy intenso al fracaso suele ser perjudicial, provocando un rechazo tan drástico al fracaso que no permite correr los riesgos necesarios para el crecimiento y el desarrollo personal. Este temor no solo compromete el rendimiento, sino que pone en peligro el bienestar psicológico.

El fracaso es una parte ineludible de la existencia y una parte muy importante en cualquier vida de éxito. Aprendemos a andar cayéndonos; a hablar, balbuceando; a encestar, no encestando; y a colorear el interior de un cuadrado saliéndonos de la raya. Los que tienen miedo al fracaso acaban por no sacar el máximo provecho a su potencial. O aprendemos a fracasar o fracasaremos en nuestro aprendizaje.

El deseo de éxito forma parte de nuestra naturaleza, y muchos vamos subiendo peldaños que pueden conducirnos hacia el éxito personal y el progreso en la sociedad. Las grandes expectativas pueden obtener grandes recompensas. No obstante, para vivir una vida exitosa y gratificante, nuestros estándares de éxito deben ser realistas, y tenemos que ser capaces de disfrutar de nuestros éxitos y de estar agradecidos por ellos. Tenemos que tocar de pies a tierra y reconocer y apreciar nuestros éxitos.

El arte de ser feliz

ben5La persona que ha aprendido a ser feliz obtiene un gran beneficio emocional de su aceptación de la realidad y son capaces de vivir existencias ricas y plenas. Al aceptar el fracaso como algo natural -aunque no nos guste-, se experimenta menos ansiedad por los resultados y se disfruta en mayor medida de las actividades. Al admitir las emociones aflictivas como una parte inevitable de su condición humana, no las agravan tratando de suprimirlas, sino que las experimentan, aprenden de ellas y siguen adelante. Al aceptar las limitaciones y dificultades del mundo real, se marcan objetivos que pueden alcanzar realmente y, por lo tanto, son capaces de experimentar, apreciar y disfrutar de sus éxitos.

Perfeccionista

Optimista real
Rechaza el fracaso Acepta el fracaso
Rechaza las emociones negativas Acepta las emociones negativas
Rechaza el éxito Acepta el éxito
Rechaza la realidad

Acepta la realidad

Básicamente, los perfeccionistas rechazan todo lo que se desvía de su visión impecable, intachable y, consecuentemente, sufren cada vez que no satisfacen sus propias expectativas irreales. Los optimistas reales aceptan todo lo que la vida les ofrece y sacan el máximo partido de ello.

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Elaboró: Psic. Benito Zarazúa Quevedo

Terapeuta Cognitivo Conductual, Grupo SEPIMEX.

 benito@sepimex.com.mx

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Referencias:

  • Felicidad: la ciencia detrás de la sonrisa, Daniel Nettle, Ed. Ares y Mares, 2006
  • The pursuit of perfect, Tal Ben-Shahar, Ed. McGrawHill, 2009