CÓMO APOYAR A L@S NIÑ@S CON DIFICULTADES EN MATEMÁTICAS.

En una simple operación aritmética participan diversos mecanismos neuropsicológicos como la atención, percepción, memoria, lenguaje y razonamiento. Específicamente l@s niñ@s requieren del óptimo funcionamiento de:

  1. 01Un sistema de procesamiento numérico encargado de la comprensión, reconocimiento y producción de la caligrafía y ortografía numérica, que posibilite leer y escribir números, tanto al dictado como a la copia.
  2. Alineamiento de los dígitos en el espacio gracias a la discriminación y organización visuoespacial.
  3. Memoria a corto plazo y largo plazo que aporta información acerca de las reglas generales de cálculo y el recuerdo de los resultados de operaciones elementales (tablas aritméticas), conocimiento de los símbolos matemáticos, tanto en lectura como escritura.
  4. Memoria de trabajo encargado de procesar, retener y manipular  información, por ejemplo contar una serie de números en sentido inverso o realizar una operación mentalmente.
  5. Comprensión sintáctica-gramatical que permitan entender nociones: más que, dos veces más, cuál de varias cifras es mayor o menor.
  6. Funcionamiento ejecutivo dirigido a la planeación, monitoreo y seguimiento de una secuencia de pasos a seguir para resolver problemas matemáticos, desde simples operaciones de un sólo dígito y varios dígitos hasta resolver otras más complejas.
  7. Habilidades de razonamiento lógico-matemático-abstracto (símbolo).

De tal manera que la capacidad matemática requiere de una serie de destrezas numéricas presentes en l@s niñ@s incluso 02antes de iniciar su entrenamiento escolar. Se espera que la mayoría de los niños y niñas en edad escolar logren un aprendizaje adecuado de las competencias matemáticas. Sin embargo, en algunos casos no sucede en el ritmo esperado.

¿Cómo apoyar?

  1. Incluir al niñ@ en actividades de la vida cotidiana que demanden el uso de las matemáticas como medir, pesar, comparar precios de las cosas y comprar.
  2. Acostumbrar al niñ@ a comunicarse matemáticamente al pedirle que explique los pasos a seguir para resolver un problema o llegar a la respuesta, así como solicitar un dibujo o esquema para ejemplificarlo.
  3. Estimular el pensamiento lógico mediante similitudes y diferencias, relaciones entre los objetos, comparación, clasificación, seriación, correspondencia, conservación, análisis y síntesis, etc.
  4. Permitir tiempo extra para explorar distintos métodos para resolver un problema.
  5. Hacer cálculos matemáticos rápidos por ejemplo con los precios de cada dulce, juguetes, alimentos y relacionarlo con el uso del dinero.
  6. Autoinstrucciones como subrayar datos y redondear palabras claves que identifican la operación aritmética.
  7. Manipular materiales como fichas, garbanzos, bolitas o representación gráfica de los datos que apoyen la comprensión de conceptos.
  8. A diario entrenar con cálculos simples (3+2+1).

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Lo más importante, si tu hij@ presenta bajo aprovechamiento en matemáticas es recomendable una evaluación neuropsicológica para detectar o descartar problemas en el desarrollo,  con el fin de proporcionar estrategias de enseñanza personalizadas a los padres, madres y profesores, y elaborar programas de intervención neuropsicológica y psicopedagógica en beneficio de l@s pequeñ@s.

En Centro SEPIMEX contamos con especialistas en el diagnostico y tratamiento neuropsicológico infantil.

Elaborado por:

Mtra. Rosinna Gómez Moya

Neuropsicóloga, SEPIMEX

rosinna@sepimex.com.mx

http://www.sepimex.com.mx

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REFERENCIAS

  • Dobato, J. L., Hernández-Laín, A., & Caminero, A. B. (2000). Acalculia. Bases neurológicas, evaluación y trastornos. Rev Neurol, 30(5), 483-486.
  • Estudillo, A. J. (2012). La implicación de la memoria de trabajo en la resolución mental de problemas aritméticos. Rev. chil. neuropsicol.(En línea), 7(2), 43-47.
  • Rosselli, M., & Matute, M. (2011). La neuropsicología del desarrollo típico y atípico de las habilidades numéricas. Revista de Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, 11, 123-140.

REFUTANDO 10 MITOS SOBRE LA PSICOTERAPIA

Los psicólogos nos enfrentamos a una multitud de ideas erróneas y poco informadas que tiene la sociedad, incluyendo nuestros pacientes e incluso nuestros familiares, sobre lo que es la psicoterapia y lo que nosotros hacemos. Siempre resulta esperado y conveniente comenzar frescos y con una nueva perspectiva de las cosas que nos impulse a lograr nuestras metas del año nuevo.

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Basado en la terapia cognitiva-conductual (TCC), el propósito de este artículo es desmitificar la psicoterapia proporcionando evidencia objetiva que contrarreste los mitos más comunes. Lo desconocido facilita el asumir ideas erróneas y por lo tanto nos limita. Se espera que este artículo funcione como un motivante a aquellas personas que han considerado asistir a psicoterapia pero se han limitado por sus propias concepciones erróneas de ésta.

Considerando la gran cantidad de corrientes teóricas de la psicoterapia y la gran variedad de estilos personales que aplican los terapeutas, se hará mayor énfasis en la terapia cognitivo conductual. Ésta consiste en ayudar a las personas a superar sus dificultades al cambiar su estilo de pensamiento, su conducta y sus respuestas emocionales. La TCC se basa en el modelo cognitivo, el cual establece que la forma en que percibimos las situaciones es lo que influye en cómo nos sentimos.

Mito 1: Ir a psicoterapia significa que soy débil e incapaz de solucionar mis problemas.

Si bien la psicoterapia se ha enfocado en un modelo médico, es decir, resolver aquello que está mal, ésta ha ido evolucionando. El reconocer que necesitamos ayuda profesional es algo que los psicólogos identificamos inmediatamente como una fortaleza, ya que corresponde a una estrategia positiva de afrontamiento. Así mismo constituye uno de los pasos más importantes para lograr un cambio exitoso y duradero.

Es importante mencionar que actualmente, las personas no sólo asisten a psicoterapia para resolver problemas, sino también para incrementar su bienestar general. Esto resulta totalmente opuesto al “ser débil”. Hoy en día, la corriente de la psicología positiva se encarga de estudiar científicamente las fortalezas y virtudes que permiten a los individuos prosperar. Dentro de la psicoterapia se incluye esta perspectiva para ayudar a las personas que quieren llevar una vida más significativa y gratificante, cultivando sus fortalezas.

Nota: Existen cuestiones biológicas de las que las personas no tienen control y están asociadas a ciertos trastornos (p.e. la depresión o los ataques de pánico). Esto no los hace débiles emocionalmente, pero la bioquímica de su cerebro les dificulta muchísimo resolver sus problemas y curarse a ellos mismos, por lo que necesitan ayuda profesional.

Mito 2: Sólo las personas que están locas van al psicólogo.

Este es uno de los mitos que genera mayor estigma social. En primer lugar, es poco frecuente que personas con trastornos graves de salud mental lleguen voluntariamente a psicoterapia, ya que usualmente son llevados por familiares a médicos, psiquiatras, o a instituciones de salud. Por otro lado, usar el concepto de “loco” resulta retrógrada y ofensivo hacia las personas que padecen trastornos psiquiátricos y necesitan ayuda. El respetar y fomentar la salud mental hoy en día es algo muy importante. Por último, las  personas acuden a psicoterapia por una gran variedad de razones que poco tienen que ver con trastornos psiquiátricos y todo que ver con cuestiones de la vida diaria. Entre las más comunes se encuentran estrés y ansiedad, depresión y abuso de substancias. Otras personas simplemente desean apoyo en transiciones importantes de su vida como casarse, perder su trabajo, la muerte de un familiar,  convertirse en padres, etc.

Mito 3: ¿Qué caso tiene ir a contarle a un extraño tus problemas?

Es muy probable que tu psicoterapeuta sea un extraño, alguien que jamás hayas visto en tu vida, pero eso no es malo, al contrario, es una ventaja. De esta forma se evitan cuestiones éticas, pues el conocer con anterioridad a tu terapeuta puede hacer que se establezca una relación dual que genere conflicto de intereses (p.e. que tu terapeuta fuera la mamá de tu novio es algo poco ético y muy riesgoso).

Si tu terapeuta es alguien ajeno a ti, esto facilita el proceso de ser completamente abierto con él o ella, sin que exista preocupación de que alguien más sepa lo que le platicas. Además, la confidencialidad es un deber ético y profesional. Sin embargo, para que tu terapeuta no te resulte un completo “extraño”, un buen tip al momento de buscar uno es basarte en las recomendaciones de familiares, amigos o conocidos que ya han asistido con él o ella y lo recomiendan.

Nota: Los psicoterapeutas tenemos el derecho y obligación profesional de romper confidencialidad si tu vida o la de alguien más está en riesgo.

Nota 2: Tu terapeuta es eso y punto. No puede ser tu amigo (ni tu amigo en Facebook, ni alguien con quien sales a tomar café, o en citas románticas, etc.) pues nuevamente estaríamos entrando en zona de conflicto y territorio poco ético. ¡Ojo!

 Mito 4: Para qué ir al psicólogo si puedo platicarlo con mi familia y amigos.

Los psicólogos, como cualquier otra profesión, requerimos de años de educación especializada, prácticas profesionales y supervisión, que nos convierten en expertos en el entendimiento y tratamiento de problemas complejos asociados al comportamiento humano.

A diferencia de tu familia y amigos, los psicólogos utilizamos técnicas muy específicas que se han ido desarrollando por décadas de investigación, es decir, hacemos mucho más que simplemente escuchar y hablar (aunque eso resulta sumamente útil para los pacientes también).  La investigación ha demostrado que la psicoterapia es efectiva y ayuda a las personas.  Por ejemplo, la TCC ha sido puesta a prueba científicamente y ha resultado efectiva en más de 1000 estudios.

La psicoterapia es un proceso interactivo y de colaboración que requiere que el paciente se comprometa activamente en la solución de sus problemas, no consiste solamente de platicar. Además, los psicólogos reconocemos patrones de conducta y de pensamiento de forma mucho más objetiva y neutral que las personas allegadas a ti.  Es poco probable que tu familia o amigos sepan realizar técnicas de reestructuración cognitiva, exposición, desensibilización sistemática, etc.

Nota: Al momento de elegir un terapeuta, ten cuidado. En nuestro país, la psicología es todavía una profesión poco regulada y aunque está en vías de hacerlo, hay muchos psicólogos con formación cuestionable. No tengas miedo de preguntarle a tu terapeuta sobre sus estudios, experiencia, certificaciones, etc.

Mito 5: Qué va a saber mi terapeuta sobre mis problemas si no: está casado; no tiene hijos; jamás se ha divorciado; no está enfermo; es más joven que yo; etc.

Sería muy difícil que un psicoterapeuta se haya enfrentado a cualquier tipo de situación que pudiera presentársele. Nuevamente, lo importante es la formación académica y experiencia profesional de tu terapeuta, así como su comportamiento ético y respetuoso hacia ti como paciente. Es exactamente lo mismo que con los médicos: un neurólogo no necesariamente tuvo que haber sufrido un infarto cerebral para saber cómo actuar en estos casos. Además, resulta deseable que los psicólogos sean capaces de no involucrar sus experiencias personales de forma que estas interfieran en el proceso terapéutico. Es por eso que muchos de nosotros asistimos de forma paralela a una psicoterapia personal.

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Mito 6: Los psicólogos son adivinos y capaces de leer la mente.

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Ojalá este mito fuera cierto, pues nos facilitaría mucho el trabajo a los terapeutas, sobre todo con aquellos pacientes reservados y defensivos, pero no somos capaces de leer la mente. Los psicólogos tenemos gran capacidad de análisis y síntesis. Contamos con la habilidad de analizar de forma mucho más informada, objetiva y neutral, los patrones de pensamiento y conducta de los que las personas rara vez se dan cuenta, pues están en modo automático. Aunado a esto, mientras más conocemos a nuestro paciente en sesión, más fácil nos resulta identificar estos patrones de pensamiento y predecir sus respuestas conductuales, lo que pudiera hacernos parecer adivinos.

Por otro lado, los psicólogos recibimos entrenamiento en habilidades de escucha activa y ponemos en práctica lo propuesto por Carl Rogers (ser genuinos, aceptar incondicionalmente a la persona, ser empáticos) que facilita que las personas rápidamente se sientan en confianza de “abrirse totalmente” y compartir su experiencias más personales con nosotros.

 Mito 7: Los psicólogos no deben tener problemas, sino una vida perfecta.

Los psicólogos somos seres humanos también. Hemos tenido experiencias dolorosas, otros han sufrido traumas, tenido conductas poco saludables, y también tenemos días malos. Sin embargo, un psicólogo ético y profesional, realiza lo necesario para cuidar de sí mismo y así ser congruente y cuidar de sus pacientes. A esto se le llama auto-cuidado del terapeuta y no es lo mismo que ser perfectos.

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Mito 8: Los psicólogos hacen preguntas muy personales, como por ejemplo, de tu vida sexual.

Sí. Es probable que tu terapeuta haga preguntas de este tipo, sobre todo en las primeras sesiones de entrevista e historial clínico. Esto se debe a que todas las esferas de tu vida (personal, salud, familiar, laboral, afectiva, etc.) proporcionan información importante para el entendimiento de tu “problemática” y para la elaboración de un plan de tratamiento competente.

Las preguntas sobre vida sexual suelen hacerse en casos de abuso sexual o en terapia de pareja. Sin embargo, si estas preguntas te hacen sentir incómodo y no es algo que desees compartir, dilo, pues estás en todo tu derecho de reservarte.

Mito 9: En psicoterapia me dirán exactamente qué hacer, no volveré a tener problemas y todo en mi vida será felicidad (es decir, me darán la fórmula secreta para la felicidad).

Desafortunadamente esto no es verdad. Es raro que un terapeuta te diga exactamente qué hacer o te de una fórmula secreta. La psicoterapia es un proceso bidireccional. Los terapeutas cognitivo conductuales hacen que sus pacientes se comprometan activamente en el proceso y en las decisiones de qué trabajar, estableciendo metas conjuntas. Se desarrolla un plan de acción que involucra el aprender nuevas habilidades y ponerlas en práctica durante la semana, como tarea fuera de sesión. Por ejemplo, se discute y analiza un problema en particular, se anima al paciente a proponer e  implementar soluciones que incluyan las estrategias previamente aprendidas y a realizar cambios en sus estilos de pensamiento y conducta. No se le dice al paciente qué hacer.

Nota: Una de las metas de la TCC es lograr que el paciente se vuelva su propio terapeuta y se sienta capaz de utilizar las estrategias y herramientas aprendidas en terapia a la vida diaria, sobre todo cuando nuevos problemas (inherentes a la vida humana) se presenten.

 Mito 10: Voy a tener que ir años a terapia y va a salir muy caro.

La TCC está definida como una de las terapias breves, ya que está mucho más enfocada en el presente y orientada a la solución de problemas. Usualmente, un tratamiento de corte cognitivo-conductual durará de 8 a 15 sesiones. Sin embargo, existen variaciones dependiendo del paciente y de su problemática. Hay pacientes que requieren tratamientos de largo plazo que pueden extenderse de 1 hasta 2 años más seguimientos (p.e. trastornos de personalidad). Otras corrientes terapéuticas tienen mayor duración pues dan mayor énfasis a la exploración de experiencias de la infancia y otros eventos significativos del pasado. Esto también suele explorarse en TCC, ya que ayudan al paciente y al terapeuta a entender mejor el presente y así lograr cambios positivos para el futuro.

Sin duda, un proceso psicoterapéutico resulta caro, sobre todo mientras mayor duración tenga éste. Sin embargo, muchos lugares y terapeutas ofrecen excelentes servicios por costos reducidos tomando en cuenta el nivel socio-económico del paciente. Aun así, el gasto puede mejor percibirse (reestructuración cognitiva) como una inversión económica por tu salud mental y bienestar integral a largo plazo.

Centro SEPIMEX se enfoca a la mejora continua de sus profesionales, por lo que contamos con terapeutas altamente capacitados para tratar de forma efectiva y ética tus necesidades.

 Elaborado por:

Mtra. Judith de la Serna Nasser

Terapeuta Cognitivo-Conductual, SEPIMEX.

judith@sepimex.com.mx

http://www.sepimex.com.mx

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Referencias: 

Imágenes tomadas de google images.

“CALIDAD DE VIDA Y SALUD”

“Un hombre no está bien, hasta que sea feliz, sano, y próspero; y la felicidad, la salud, y la prosperidad son el resultado de un ajuste armonioso del interior con el exterior del hombre”. James Allen

El tema de “Calidad de vida” o la “buena vida” ha sido parte de la humanidad desde la época de los griegos. Sin embargo su inicio formal en el campo de la salud surgió inicialmente en la medicina en los años 60´s (Padilla, 2005), con un auge notable en la década de los años 90´s (Schwartzmann, 2003).

A partir de entonces diversas áreas de investigación se han interesado por su estudio en la población, tales como la política, la economía, la sociología y la psicología. Este incremento notable por su estudio, se debe principalmente, de acuerdo con Ardila (2003) al incremento poblacional y la incapacidad de las sociedades por cubrir las necesidades básicas de la misma.

El surgimiento y desarrollo del concepto de Calidad de vida en el campo de la psicología, se ha visto acompañado de la evolución en el concepto de salud, ya que ambos están íntimamente relacionados.

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Anteriormente el concepto de salud, estaba basado en un enfoque meramente biomédico y era entendido como la ausencia de enfermedad. Sin embargo con las nuevas políticas de salud y el crecimiento de las enfermedades crónicas, el concepto de salud fue adoptando un enfoque biopsicosocial. A partir de entonces la salud es definida de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2014), como “un estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.

Este concepto de salud está fundamentado en un marco biopsicosocial en donde se consideran los valores positivos y negativos de las diversas cultural que afectan nuestra vida y función social (Tuesca, 2005).

Actualmente el concepto de salud y calidad de vida están íntimamente relacionados y sus índices permiten evaluar aspectos técnico-medico relacionados con la atención y cuidados de las personas. Por tanto el estudio de la calidad de vida se ha convertido en un terreno multidimensional en donde diversas ciencias aportan conocimiento con el fin de proporcionar un nivel de funcionalidad de las personas.

En sus inicios, la calidad de vida se refería al cuidado de la salud personal, posteriormente se centró en una preocupación por la salud e higiene publica y después hizo alusión a los derechos humanos tanto laborales como ciudadanos. Conforme se consolidaba el concepto se fueron incluyendo el acceso a bienes económicos, hasta que finalmente se tomó en consideración la percepción de cada sujeto sobre su propio estado de salud, vida social y actividad cotidiana (Vinaccia y Orozco, 2005).

Actualmente no existe una sola definición clara sobre el concepto de calidad de vida. Sin embargo lo que sí está claro es que la calidad de vida se considera como una combinación de elementos objetivos y subjetivos, en donde la evaluación individual juega un papel muy importante. Debido a las diferencias culturales, es preciso entender también que la definición de calidad de vida variará en función del contexto, la época y el grupo social al que nos estemos refiriendo (Ardila, 2003).

De manera general la mayoría de los autores coinciden en que las variables objetivas que se pueden considerar para evaluar o definir la calidad de vida serían los siguientes:

  • Bienestar físico y social
  • Riqueza material y bienestar material
  • Estado de Salud
  • Trabajo y otras formas de actividad productiva
  • Relaciones familiares y sociales
  • Seguridad
  • Integración con la comunidad

Por otra parte los aspectos subjetivos que se consideran para la evaluación y definición de la calidad de vida son:

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Todos estos elementos son indispensables para el óptimo desarrollo del individuo y de la población (Tuesca, 2005). Además de que promueven el mantenimiento de la salud, la autonomía y la integración a la comunidad tanto de personas sanas como enfermas (Verdugo y Martin, 2002).

Diversos estudios demuestran que existe una relación bidireccional entre la calidad de vida y las enfermedades tanto físicas como mentales. Ejemplo de ello son los hallazgos de la relación entre calidad de vida y los trastornos de ansiedad y depresión, en donde a menor calidad de vida existen niveles elevados de ansiedad y/o depresión y viceversa. Esto debido a la presencia de variables psicológicas como niveles elevados de estrés, bajo control sobre la propia vida, bajo apoyo social y desempeño personal, generando un nivel bajo de satisfacción y éxito en la vida, pobre regulación emocional, lo que finalmente afecta la calidad de vida (Padilla, 2005).

De igual forma existe evidencia en diversos estudios de morbilidad y mortalidad de enfermedades crónicas como el cáncer y enfermedades cardiacas, en donde se ha observado que este tipo de padecimientos no solamente se deben a una carga genética, sino también a diversos factores de riesgo, como los hábitos de salud y estilos de vida inadecuado, tales como consumo de tabaco, alcohol y dietas poco saludables. Es por ello que para mejorar la salud y calidad de vida se ha hecho mucho énfasis en la modificación de conductas tanto para prevención como para el tratamiento de dichas enfermedades (Vinaccia y Orozco, 2005).

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Por lo tanto si se desea mejorar la calidad de vida de una persona se deben emplear diversas estrategias cognitivo-conductuales dirigidas a modificar en términos de un proceso adaptativo-integrativo, diversos componentes biológicos, psicológicos y socio-ambientales (Labiano, 2006).

Algunos de los hábitos de salud o comportamientos que un psicólogo  cognitivo-conductual puede ayudar a modificar o aprender y mejorar la calidad de vida, serían los siguientes:

  • Hacer ejercicio físico
  • Llevar a cabo una dieta saludable
  • Dejar de fumar
  • Reducir el consumo de bebidas alcohólicas
  • Mejorar la calidad de sueño
  • Mejorar el rendimiento laborar
  • Disminuir el estrés
  • Mejorar las relaciones interpersonales
  • Aprender a regular las emociones
  • Incrementar la seguridad en sí mismo, así como incrementar la autoeficacia.
  • Aprender a expresar las emociones de manera adecuada

 Como se puede observar, tener una buena calidad de vida no depende únicamente de los servicios de salud, sino de las conductas que cada uno de nosotros llevamos a cabo y es bueno considerar que no solo la salud física es importante sino que también lo es la salud mental. Es por ello que si deseas mejorar tu calidad de vida, te invitamos a que busques la atención de un profesional de la salud, en SEPIMEX, contamos con muchos especialistas que pueden ayudarte y orientarte.

Elaborado por:

Mtro. en Psicología Clínica y de la Salud

José Ángel Castillo Martínez

Terapeuta Cognitivo-Conductual, SEPIMEX.

joseangel@sepimex.com.mx

http://www.sepimex.com.mx

Referencias:

  • Ardila, R. (2003). Calidad de Vida: Una definición integradora. Revista Latinoamericana de Psicología. AÑO/VOL. 35, NUMERO 002. Bogotá, Colombia. PP. 161-164.
  • Labiano, M. (2006). Estrategias de mejoramiento de la calidad de vida. En Oblitas, L. (Eds.). Psicología de la salud y calidad de vida. 2ª Edición. México. Thompson.
  • Organización Mundial de la Salud, (2014). Temas de salud. Salud mental. Recuperado de: www.who.int/topics/mental_health/es/
  •  Padilla, G. (2005). Calidad de vida: Panorámica de investigaciones clínicas. Revista Colombiana de Psicología, 2005, No. 13, 80-88.
  •  Schwartzmann, L. (2003). Calidad de vida relacionada con la salud: aspectos conceptuales. Ciencia y Enfermería, 2, 9-21.
  • Tuesca, R. (2005). La Calidad de Vida, su importancia y cómo medirla. Salud Uninorte. Barranquilla (Col.) 2005; 21: 76-86.
  • Verdugo, M. y Martín, M. (2002). Autodeterminación y calidad de vida en salud mental: dos conceptos emergentes. Salud Mental, Vol. 25, No. 4, agosto 2002.
  • Vinaccia, S. y Orozco, L. (2005).  Aspectos psicosociales asociados con la calidad de vida de personas con enfermedades crónicas. Perspectivas en Psicología. Vol. I / No. 2 / 2005 / pp. 125 – 137.