INFLUENCIA DE LOS PADRES Y MADRES SOBRE LA CONDUCTA ALIMENTARIA DE L@S NIÑ@S.

Existe un impacto significativo de la conducta (prácticas y estilos de crianza) de los padres y madres sobre las preferencias y consumo de alimentos en l@s niñ@s, debido a que ellos deciden sobre qué, cuándo,  cómo y cuánto alimento consumen sus hij@s.  Estas conductas a largo plazo pueden generar algunos problemas de alimentación infantil como falta de apetito, rechazo de la comida, anorexia, sobrepeso y obesidad. Aunado a esto, los problemas de alimentación a menudo se asocian con el bienestar emocional y psicológico de l@s niñ@s, padres y madres.

¿Cuáles son las conductas (prácticas y estilos de crianza) de los padres y madres que tienen influencia en la conducta alimentaria de l@s niñ@s?

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A continuación se expone la respuesta:

  1. Exposición.

Se necesitan al menos, entre 10 a 15 exposiciones para lograr un gusto por la comida. Cuando l@s niñ@s se encuentran expuestos continuamente a alimentos poco saludables, estos adquieren un valor importante en l@s niñ@s, lo que resulta difícil de modificar en un futuro, sobre todo cuando se vive en un ambiente obesógenico, el cual hace referencia a que el ambiente presenta de manera accesible los alimentos poco saludables. Por ejemplo, si en casa lo único que hay de beber es refresco, en la continua exposición l@s niñ@s pueden desarrollar una adicción a la misma.

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Como padres y madres somos un ejemplo de lo que es “adecuado” o “inadecuado” comer, así los mismos gustos y hábitos de alimentación de los papás y mamás son un modelo para l@s niñ@s. Por ejemplo si en casa hay rechazo o escaso consumo de frutas y verduras, l@s niñ@s aprenden que estos alimentos nos son ricos ni necesarios en su dieta. Así, el comportamiento de los padres, madres o de los demás miembros de la familia pueden ser críticos en la aceptación o rechazo de ciertos alimentos.

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  1. Prácticas de alimentación coercitivas (“presión para comer”).

Otros comportamientos y prácticas de los padres y madres que juegan un papel importante en la aceptación o rechazo de los alimentos es la presión para comer, la cual puede tomar muchas formas, incluyendo indicaciones verbales o ayuda física. En general, este tipo de prácticas se consideran contraproducentes. De hecho, se ha encontrado que aversiones o rechazo a ciertos alimentos en la edad adulta se remontan a experiencias negativas que implican presión para comer.

Presión para comer también se ha asociado con el aumento de consumo de alimentos. En un estudio se estimó que el 38% de l@s niñ@s comió más de lo que habría comido si no hubiera existido presión de los padres. Esto es consistente con otros estudios que han encontrado que la frecuencia de indicaciones maternas se relaciona con el número de calorías consumidas y al aumento de peso de l@s niñ@s. Por ejemplo, la indicación “no te paras de la mesa hasta que no te lo acabes” cuando se les sirve una porción más grande que la necesaria o “aquí no hay animales para que se coman lo que sobra”, no sólo genera estrés en el niño o niña sino que influye en su metabolismo y procesamiento alimenticio, episodios de comer en exceso (que en un futuro puede generar un trastorno por atracón), así como la respuesta apropiada a sus sensaciones de hambre y saciedad, sentando las bases para los problemas con la regulación de su consumo de alimentos en el futuro.

Así, el deseo de un padre o madre porque su hij@ “coma lo suficiente” puede conducir realmente a la negatividad de algunos alimentos y los problemas con la sobrealimentación y el aumento de peso en el futuro.

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  1. Restricción, recompensas y el uso de alimentos para “calmar” o regular las emociones.

Otras prácticas de los padres y madres también pueden tener influencias en la generación de malos hábitos de alimentación. Por ejemplo, la restricción evidente de los alimentos se ha relacionado con un mayor consumo de estos alimentos cuando se hace disponible gratuitamente. La cual, parece ser perjudicial en la capacidad de l@s niñ@s para regular correctamente su consumo cuando son mayores.

Usar la comida como recompensa también tiene un efecto perjudicial sobre la regulación del apetito más tarde. Esto se debe a que el estado de un alimento como recompensa aumenta su valor afectivo para el niño o niña, por lo que es más deseable y hay más probabilidades de ser comido en exceso cuando están libremente disponibles. Por ejemplo, los dulces, hamburguesas o comida poco saludable.

Además, el uso de alimentos para calmar las emociones (ingesta emocional) se asocia con problemas emocionales y el desarrollo en el déficit de solución de problemas; que a su vez se ha relacionado con el sobrepeso y por supuesto en un futuro obesidad.

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  1. Estilos de crianza.

Hasta el momento, se han descrito las prácticas de crianza en relación con la alimentación infantil. Sin embargo, el grado en que los padres y madres opten por aplicar diferentes prácticas y de qué manera lo hacen, puede estar relacionada con su estilo de crianza subyacente; una característica que influye en el contexto emocional de todos los aspectos de la crianza de l@s hij@s, incluyendo la alimentación.

Dos dimensiones de estilo de crianza han sido identificados: exigencia y responsividad. Exigencia refiere al uso de control de la conducta en el niño o niña. Capacidad de respuesta se refiere a que muestra la calidez y el apoyo para el niño o niña.

Los padres y madres pueden anotar alta o baja en cada una de las dimensiones, lo que resulta en una clasificación de cuatro estilos de crianza:

(1) Autoritario (alta exigencia / alta capacidad de respuesta);

(2) Autoridad racional (alta exigencia / baja capacidad de respuesta);

(3) Permisivo (baja exigencia / alta capacidad de respuesta); y

(4) No comprometido (baja exigencia / baja respuesta).

En relación con la alimentación, el estilo de autoridad racional, al proporcionar reglas, pero en un contexto positivo se asocia con el desarrollo de los hábitos de alimentación más saludables, como una mayor ingesta de frutas y verduras.

Por otro lado, las dificultades de alimentación en l@s niñ@s se asociaron con: (1) estilos y prácticas de alimentación permisivas en el cumplimiento de los deseos del niño o niña como estrategia con el fin de evitar conflictos en la hora de la comida; y (2) un estilo de alimentación autoritario incluyendo el uso de contingencias y prácticas coercitivas para obligar a un niño o niña a comer los alimentos.

Es importante identificar como papás y mamás que tipo de prácticas y estilo de crianza estamos ejerciendo en nuestr@s hij@s, debido a que como se expresó anteriormente, nuestras conductas tienen una fuerte influencia en la percepción, preferencias y regulación alimenticia de nuestr@s hij@s.

Una vez identificadas estas conductas, lo que sigue es modificarlas, con la finalidad de generar un estilo de vida saludable y por consiguiente una mejor calidad de vida.

En SEPIMEX podemos ayudarte a identificar y a modificar aquellas conductas que podrían estar generando problemas de alimentación en tus hij@s.

 Elaborado por:

Lic. Sheila Hernández A.

sheila@sepimex.com.mx

Terapeuta Cognitivo-Conductual.

Especialista en Problemas de la Conducta Alimentaria.

 Referencias:

  • Hernández-Guzmán L. (1999). Hacia la salud psicológica: Niños socialmente competentes. México: Universidad Nacional Autónoma México. Facultad de Psicología.
  • Mitchell, GL., Farrow, C., Haycraft, E. y Meyer, C. (2013). Parental influences on children’s eating behaviour and characteristics of successful parent-focussed interventions. Appetite, 60: 85–94.