¿Para qué sirven los buenos sentimientos?

Durante décadas pasadas la psicología se ha centrado en el estudio y tratamiento de los procesos patológicos que afectan al ser humano; pocos han centrado su estudio en los procesos que promueven el desarrollo y la felicidad personal; hay varios motivos por lo que apenas se ha prestado atención a los sentimientos positivos que en otras épocas.

En primer lugar, los afectos positivos son más difíciles de evaluar que los negativos. La alegría, el gozo y la satisfacción no se diferencian entre sí tanto como la irritación, la tristeza y la angustia. Así, la ciencia sólo separa un puñado de buenos sentimientos: por cada emoción positiva se conocen tres o cuatro sentimientos negativos. Así mismo, el abanico de los gestos corporales de los afectos negativos es también mayor.  En todo el mundo las personas pueden distinguir un rostro triste o angustiado, sin embargo una expresión de alegría, diversión, felicidad y confianza contiene siempre los mismos atributos de la denominada sonrisa Duchenne: las comisuras bucales ascienden, la musculatura periorbitaria se contrae de forma involuntaria, los pómulos se alzan y aparecen pequeñas arrugas en las comisuras oculares externas.

Imagen 

Hace 20 años, Paul Ekman y Wallace Friesen, de la Universidad de California en San Francisco y  Robert Levenson, de la Universidad de Indiana, demostraron que el cuerpo reacciona de forma mensurable ante los sentimientos de ira, angustia y la tristeza, pero no ante las emociones positivas.

Los científicos han tratado a menudo de explicar los sentimientos con los modelos que se idearon para el estudio de los afectos negativos, ya que estos fungen como estímulos para actuar, la ira provoca la necesidad de atacar, la angustia, el impulso de huida, el asco el deseo de rendirse. Bajo esta perspectiva, las emociones negativas no son sino soluciones eficiente a problemas recurrentes, contra los que también lucharon nuestros antepasados.

No es tan sencillo abordar con este prisma los sentimientos positivos, desde la perspectiva evolutiva, la alegría, la satisfacción y la gratitud apenas han servido para afianzar la supervivencia.

Entonces: ¿Para qué sirven los buenos sentimientos?

 

Más que solucionar los problemas inmediatos, los buenos sentimientos ayudan a progresar internamente y a prepararse para tiempos más duros. Según Barbara Fredrickson de la Universidad de Michigan  cultivar en nosotros mismos sentimientos positivos, permite ensanchar nuestro repertorio de ideas y de acciones y nos ayudan a cimentar  y construir recursos mentales duraderos.

Se han realizado experimentos para estudiar el efecto de los buenos sentimientos sobre el pensamiento y la conducta.  En uno de los  experimentos realizado por Fredrickson y colaboradores,  se proyectó un corto cinematográfico con la idea de inducir un determinado estado de ánimo entre los espectadores la visión de un grupo de pingüinos juguetones, contoneándose sobre el hielo, provocaba alegría; las escenas apacibles de la naturaleza propiciaron un estado de serenidad. El miedo se indujo con imágenes de vértigo desde grandes alturas y la tristeza, con escenas de muerte o de entierro. Como control experimental, se desplegó una vieja y aburrida funda de la pantalla cinematográfica. Inmediatamente después de esta pequeña proyección se revisó la capacidad de los participantes para absorber nuevas ideas. Se les presentó un gráfico con tres figuras; les preguntamos cuál de los dos símbolos inferiores se asemejaba más al superior. Ninguna respuesta era correcta o falsa; en un caso, las figuras se parecían más en su contorno y, en el otro, lo hacían las unidades. Sin embargo, este “test visual” revela si una persona se concentra en la impresión general o en el detalle. El resultado fue que las personas con mejor ánimo optaron, en mayor número, por la forma, indicio de un pensamiento amplio. Las personas con un estado de ánimo neutral o pesimistas se fijaron más en los detalles.

 Imagen

Alice Isen de la Universidad  de Cornell en Ithaca, ha descubierto en varios estudios que la creatividad no es sólo una cuestión de talento individual, sino también de un estado correcto de ánimo. Isen analizó si las capacidades diagnósticas de un médico dependían de su estado de ánimo. Ofreció una bolsa de dulces a unos médicos y les pidió que reflexionaran en alto mientras trataban de resolver el caso de un paciente hepatópata. Los médicos que habían recibido el regalo no sólo integraron los diversos datos con más rapidez que los no agraciados, sino que se aferraron menos a una idea determinada y se manifestaron más predispuestos a desechar conclusiones prematuras.

Cabe inferir, en consecuencia, que el pensamiento de las personas que se sienten a gusto es más creativo, flexible, amplio y abierto. Quien se siente bien experimenta, en mayor medida, la ausencia del peligro. Las emociones positivas cambian a las personas para mejor, les abren la esperanza hacia el futuro, aumentan la resistencia y refuerzan los vínculos sociales.

 Imagen

Los sentimientos positivos no sólo cambian a la persona, sino que también se contagian. Isen descubrió que las personas optimistas se muestran más dispuestas a colaborar. A la inversa, los actos buenos producen alegría, porque uno se siente orgulloso de ellos. Los que reciben la ayuda sienten, a su vez, gratitud; los propios espectadores neutrales pueden, asimismo, alegrarse. Por consiguiente, los buenos pensamientos generan una reacción en cadena que abre el ánimo y la disponibilidad, lo que induce nuevas emociones positivas.

En definitiva, precisamos métodos que nos alienten a vivir más a menudo este tipo de sentimientos positivos. El humor y la risa parecen, sin duda, la vía más directa. Sin embargo, en los momentos difíciles resulta mucho más fácil decirlo que hacerlo. En consonancia con los experimentos de B. Fredrickson, ella misma aconseja  buscar la felicidad en todas las situaciones de la vida y en las cosas sencillas. Quien quiera descubrir lo bueno de un mundo complejo y, en parte, represivo, tendrá que acudir a sus propias fuerzas y a las de quienes le rodean. Nuestro mayor aliado en la senda para la maduración y la fortaleza interiores es la conciencia.

Imagen

Ya que el cultivar en nosotros mismos sentimientos positivos, nos permitirá desarrollarnos de forma más armónica y adaptativa a nuestras circunstancias de la vida, es importante buscar instantes para cultivar nuestros placeres corporales como:  saborear un helado de vainilla, darnos una ducha con agua caliente, salir a caminar un día de primavera, escuchar tu canción favorita, reír a carcajadas; así como otros placeres superiores realizando cosas que te permitan experimentar gratitud, gozo, compasión, gusto por ayudar a los demás, convivencia, buen humor y una perspectiva optimista de la vida.

 

  • Fredrickson, B. (2004). El poder de los buenos sentimientos. Mente y cerebro. pp. 74-78.
  • Seligman, M. (2001) La auténtica felicidad. Zeta: Barcelona.

Mtra. Psic. Joselyn Olvera Ruvalcaba.

Terapeuta

Centro SEPIMEX

56-89-14-19.

Anuncios

Autor: SEPIMEX

Servicios Psicológicos Integrales de México "Enciende tu bienestar" www.sepimex.com.mx

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s