LAS RAÍCES DE LA EMPATÍA

La palabra empatía  deriva del término griego empátheia (sentir dentro), recibe también el nombre de inteligencia interpersonal (término acuñado por Howard Gardner) y se refiere a la habilidad  y cognoscitiva y emocional de una persona para comprender el universo emocional de otra.

El término de empatía fue empleado por primera vez en los años veinte por el psicólogo BF Tichener, para describir la capacidad de percibir la experiencia subjetiva de otra persona, Tichener pensaba que la empatía surge a partir de una especie de imitación física de aflicción del otro que evoca entonces los mismos sentimientos en uno mismo.

La empatía se construye sobre la conciencia de los sentimientos de uno mismo, cuanto más abiertos estamos a nuestras propias emociones, más lo estamos de los sentimientos de los demás, la compenetración, la raíz del interés por alguien, surge de la sintonía emocional, de la capacidad de cada quien de sentir empatía.

Esa capacidad o interés acerca de lo que siente el otro, entra en juego en una amplia gama de situaciones de la vida, desde las ventas y la administración, hasta la paternidad, la compasión y la actividad política.

¿Cómo se desarrolla la empatía?

Las raíces de la empatía pueden rastrearse desde la infancia, ya que prácticamente desde que nacen los niños se sienten perturbados cuando oyen llorar a otro bebé,  esta respuesta algunos investigadores  la consideran precursora de la empatía. Los psicólogos del desarrollo han descubierto que los bebés sienten una preocupación solidaria antes de tener consciencia de ellos mismos como entes separados de los demás; incluso poco después del nacimiento, los niños reaccionan ante la perturbación de quienes, los rodean como si fuera algo propio, llorando cuando ven lágrimas de otro niño.

Marianne Radke Yarrow y Caroline Zahn Waxler, del Institute of Mental Health mostraron que la capacidad de sentir estaba presenten en los chicos a los que se les llamaba la atención con respecto  a la aflicción que su mala conducta producía en otros “mira lo triste que la has puesto” a diferencia de “Eso estuvo muy mal”. También descubrieron que la empatía se modela a partir de cómo los demás reaccionan ante la aflicción de alguien.

La buena sintonía

Daniel Stern estaba fascinado por los pequeños intercambios que se dan en la interacción entre padres e hijos, piensa que las lecciones básicas de la vida emocional, se aprenden en los momentos de intimidad entre estos. De todos los momentos, los más críticos son aquellos en los que se le permite al niño saber que sus emociones son recibidas con empatía, que son aceptadas y correspondidas en un proceso que se llama sintonía, esta se produce de forma tácita como parte del ritmo de la relación.

Los costos de la falta de empatía

El costo emocional de la falta de empatía puede ser elevado y no sólo para los niños. Un estudio cdelincuentes que cometieron crímenes crueles y violentos, descubrió que la única característica en común de sus primeros años de vida que los diferenciaba de otros criminales era que habían pasado de un hogar adoptivo a otro, o habían crecido en orfanatos, historias de vida que muestran negligencia y pocas oportunidades de establecer empatía; sin embargo se ha descubierto también que los chicos que soportan abusos, insultos, malos tratos a diferencia de los que experimentan negligencia, se vuelven hiperalertas a las emociones de quienes los rodean, lo que equivale a una hipervigilancia postraumática ante indicios de una señal de amenaza.

La neurobiología de la empatía

Un informe de 1975 revisaba varios casos de pacientes en los que los pacientes con determinadas lesiones en la zona derecha de los lóbulos frontales presentaban curiosos déficits, eran incapaces de comprender el mensaje emocional en el tono de voz de una persona. Un gracias expresado con sarcasmo, gratitud o ira, tenía para ellos el mismo significado neutro. En contraste un informe de 1979 hablaba de pacientes con lesiones en distintas zonas del hemisferio derecho eran incapaces de expresar sus propias emociones a través de su tono de voz o de sus gestos, sabían lo que sentían pero eran incapaces de expresarlo, todas estas conexiones tienen gran relación con el sistema límbico y la amígdala, esta última junto con sus conexiones con la corteza visual so estructuras clave en la empatía.

La vida sin empatía, la mente del abusador.

La empatía se encuentra trágicamente ausente en la mente de los que cometen los crímenes más viles,  los abusadores de niños, violadores y perpetradores de violencia familiar, son incapaces de experimentar empatía. Esta incapacidad de sentir el dolor de los demás les permite decirse mentiras que estimulan sus crímenes: “las mujeres realmente quieren ser violadas” “no estoy haciéndole daño a la criatura, lo que estoy haciendo es darle amor” “ esto sólo es otra forma de afecto” en el caso de los violadores o abusadores de niños; y en el caso de los que maltratan a sus hijos: “esto es sólo disciplina”.

La supresión de la empatía mientras estas personas infringen daño a sus víctimas es casi siempre parte de un ciclo emocional que precipita sus crueles actos. El ciclo comienza cuando el abusador se siente furioso, deprimido y solitario. Estos sentimientos podrían ser activados al ver parejas felices en televisión por ejemplo y al sentirse deprimido y solo, asi empieza a fantasear con la amistad de un niño, fantasía que posteriormente se vuelve una fantasía sexual y luego comienza a pensar en hacerla realidad, justificándose al decirse cosas a sí mismo como “No estoy causando un daño real si el chico no resulta herido físicamente”. Ese desapego emocional es lo que guía la planeación y perpetración del plan; como si la víctima no tuviera sentimientos propios.

Esa falta de empatía es el eje sobre el cual se fundamentan algunos tratamientos para abusadores de niños o de violencia familiar, esta terapia de toma de perspectiva fue desarrollada por William Pithers de la Universidad de Vermonth, la cual consiste en que el abusador lea el informe desolador de la ejecución del crimen narrado desde la perspectiva de la víctima, luego observan videos de víctimas que narran de forma dolorosa sus vivencias, luego el agresor escribe acerca de su propia agresión desde la perspectiva de la víctima, imaginando lo que ella sentía, luego el perpetrador hace un simulacro del delito desde el papel de la víctima. Los abusadores sexuales de niños que salieron de la cárcel y se sometieron al programa, sólo presentaron la mitad de agresiones al salir de la cárcel que los que no habían seguido el programa, sin motivacional inicial sobre empatía, el resto del programa no funciona.

Aunque existen pocas esperanzas de inculcar empatía a abusadores de niños, existen muchas menos para otro tipo de criminales como los sociópatas, caracterizados por ser encantadores y al mismo tiempo carentes de remordimientos, incluso por los actos más crueles y despiadados.

También otra de las formas más siniestras de falta de empatía que puede mostrarse fue descubierta con los golpeadores más atroces de mujeres. La investigación reveló una anomalía fisiológica en los esposos más violentos (los que azotaban a sus esposas o amenazaban con cuchillos o revólveres) los maridos adoptan esta conducta en un estado frío y calculador, en lugar de hacerlo mientras están dominados por la ira, la anomalía surge a medida que la ira aumenta, el ritmo cardiaco disminuye, en lugar de elevarse, lo que da lugar a un calculado acto de terrorismo. Algunos investigadores que estudian a psicópatas criminales sospechan que su fría manipulación y ausencia de empatía se debe a un defecto nervioso de la participación de sendas nerviosas del sistema límbico, amígdala y circuitos nerviosos relacionados, aunque esto no significa que todos los que la padezcan se dedicaran al crimen, son importantes los efectos de la crianza y la experiencia que cada quien haya experimentado y como se haya cultivado la capacidad de empatía  a lo largo del  desarrollo.

Pareciera ser que todos tenemos la semilla de la empatía en cada uno de nosotros, sin embargo depende de cómo se cultive,  es como aprenderemos a sentir compasión por los demás y promover relaciones de igualdad y armonía en nuestras interacciones  sociales, aspectos de suma importancia para nuestro  propio equilibrio emocional.

Referencia: Goleman, D. (1995) La Inteligencia Emocional. Kairos: Madrid.

Posted by: Mtra. Psic. Joselyn Olvera Ruvalcaba

Terapeuta-Cognitivo-Conductual

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Autor: SEPIMEX

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1 comentario en “LAS RAÍCES DE LA EMPATÍA”

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